Ecoturismo y conservación. Origen y desarrollo. por Dr. Alfredo Cesar Dachary
Los expertos que ven en el ecoturismo, una forma de turismo con grandes problemas, consideran que estos ecosistemas naturales son alterados por la acción de los turistas, algo que ha sido ya denunciado desde la década de los 70, en los primeros informes de evaluación del turismo como modelo de desarrollo. (De Kadt, 1989).
Los expertos que ven en el ecoturismo, una forma de turismo con grandes problemas, consideran que estos ecosistemas naturales son alterados por la acción de los turistas, algo que ha sido ya denunciado desde la década de los 70, en los primeros informes de evaluación del turismo como modelo de desarrollo. (De Kadt, 1989).
Luego
de este breve repaso sobre los antecedentes entramos al ecoturismo que como
concepto emerge en los años 60’s, en plena transformación de la sociedad, desde
el mayo francés a la resistencia a la guerra con Vietnam o a la primavera de
Praga, en el auge de la denominada ecología visible.
Sin
embargo, deberán pasar dos décadas para que este tipo de turismo tome fuerza a
la sombra del auge de las grandes organizaciones ambientalistas como la WWF,
UICN y el Sierra Club, entre los principales.
Hay
quienes pretenden unir al eco desarrollo planteado en la década de los 70’s,
inicialmente por Maurice Strong, con el ecoturismo, una extrapolación que tiene
grandes diferencias.
Ignacy
Sachs, que es quién desarrolla esta propuesta teórica propone como alternativa que cada ECO REGION
debe buscar sus propias soluciones a la luz de su cultura y sus condiciones
ecológicas.La diferencia es de fondo entre el ecodesarrollo y el ecoturismo,
porque el primero además de ser un desarrollo integral se basa en los hombres
que habitan la región y, por oposición, el ecoturismo se basa en las bellezas naturales
y luego intenta hablar del hombre como algo dado donde están éstas.
Es
por eso que cuando se habla de ecoturismo se hace referencia a los países
periféricos aquellos que aún mantienen zonas poco explotadas, lo cual es
ratificado por algunos autores al sostener que esta práctica se vincula al
tercer mundo (Budowski, 1955).
Una
de las pioneras del Ecoturismo fue Elizabeth Boo, que inicialmente se ajustó a
lo que en realidad debería ser el ecoturismo, una actividad regulada por normas
como lo son sólo las Áreas Naturales Protegidas (ANP).
De
allí en más, hay un sinnúmero de definiciones de lo que es el ecoturismo y
muchos más modelos prácticos de lo que piensan que se puede definir como tal,
lo cual ha generado, como ocurrió con la propia ecología, una pérdida de
credibilidad, que en algunos casos se ha llegado a la abolición de esta
categoría, como ocurrió en Nueva Zelanda, hoy una de las capitales mundiales
del turismo alternativo.
Pero
para poder dimensionar las contradicciones que plantea el ecoturismo
analizaremos la definición clásica del mismo dada por el Arquitecto Cevallos
Lascurain de la IUCN. Parte de la base que “el ecoturismo es una modalidad del
turismo que es ambientalmente responsable”.
·
Con esta afirmación se descalifica desde el
comienzo al resto del turismo, al ubicarlo como irresponsable, pero a la vez
parte de una base falsa, que hay turistas responsables que se combinan con
tour-operadores responsables, lo cual se puede dar como excepción, pero por los
resultados obtenidos y la operación que han hechos los tour-operadores no
coinciden con ello.
·
Los ejemplos sobran: la Mariposa Monarca
en el límite entre los estados de México y Michoacán, un santuario saturado de
eco visitantes, que en nada benefician a los pobladores y menos al santuario
natural; o Xcaret, el ícono del turismo de la naturaleza, hoy el ejemplo de
alteración de la historia y el ambiente en un antiguo santuario natural.
La segunda parte de
la definición “… visitar áreas naturales relativamente sin perturbar, a fin de
disfrutar, apreciar y estudiar los atractivos naturales de dichas áreas así
como cualquier manifestación de la cultura”. Esta afirmación tiene varios
elementos que se terminan contradiciendo con el resto de la definición, así
tenemos que:
·
Las áreas sin perturbar, que son ¿tierras
salvajes?, en el concepto del viejo oeste ¿estas son zonas aisladas?, lo cual
lleva a que algunos autores sostengan que el ecoturismo se creó como un turismo
de élite. ¿Se trata de salvar la naturaleza haciéndosela accesible
a los ricos? (Barkin, 2000).
·
Esa naturaleza casi pura, es lo que
Maffesoli denomina el paradigma perdido, ya que hoy hay una ecologización del
mundo social y donde la naturaleza ya no es más el mundo a explorar. Así
sostiene que la naturaleza, dejándose tocar en el paisaje, recuerda que la vida
social reposa sobre la tactibilidad (Bruhns, 1994).
·
Pero hay una contradicción mayor que plantea
Silva, al sostener que los turistas y los lugareños no tienen los mismos
derechos y percepciones sobre los lugares naturales poco alterados, ya que
éstos viven en la pobreza divorciados de la riqueza natural que es para el goce
del turista (Silva, 1997).
·
Hay que entender también que el espacio
ecológico turístico, privilegia áreas naturales apelativas desde el punto de
vista estético y según los valores del mundo occidental, que no siempre
coinciden con otras visiones que parten de valoraciones diferenciadas.
·
Por ello, estos nuevos eco-mesías buscan
vivir unos días en armonía con la naturaleza, que es una utopía imposible de sostener
en el mundo moderno que ellos viven y que disfrutan, aunque quieran tener sus
períodos de tranquilidad.
·
Estas nuevas nociones de armonía con la
naturaleza, corresponden a las ideas occidentales del edén perdido y prístino.
Lo que implica una “naturaleza” que escapa al orden cultural y, por
consiguiente, el “nativo ecológico” se torna parte integral de esa naturaleza
ideal, donde los indígenas representan el deseo de retornar a un mundo
primitivo, a un estilo de vida preindustrial, a un mundo ecológicamente
sustentable (Ulloa, 2001).
·
Así es como a los indígenas o a los mestizos
del campo, se los sitúa como silvestres en oposición a las gentes de la ciudad,
lo cual a la vez justifica la intervención de los agentes externos, eco
tour-operadores, a fin de que elaboren programas para evitar su extinción,
porque son en términos ecologistas “especies en peligro de extinción”.
·
Por ello es que hace pocos años se le agregó
a la definición, las culturas locales y sus comunidades, pero entendidas éstas
como parte de este “mundo natural”, diferente al de la realidad de las
ciudades.
Siguiendo con la
definición “… que promueve la conservación, tiene bajo impacto ambiental y
cultural y propicia el involucramiento activo socioeconómicamente benéfico de
las poblaciones locales”.
·
¿A quién beneficia la conservación?, ¿qué
ganan los campesinos e indígenas conservando algo que naturalmente han
conservado desde hace muchas generaciones atrás? ¿Quieren conservación o un
programa de manejo, para poder operar estas áreas y llevar turistas, con lo
cual obtienen beneficios para sus actividades y a la vez se promocionan como
salvadores de las zonas naturales?
·
En África, a los bosquimanos del Parque
Nacional Kalahari, se los dejó convivir en el mismo como una especie más, pero
cuando quisieron asomar a la modernidad, mejorando sus casas y nuevos hábitos,
dejaron de ser parte de la “naturaleza” y fueron expulsados.
·
En Costa Rica, la capital latinoamericana
del ecoturismo, ya se ven los grandes impactos en los ecosistemas, derivado de
la infraestructura turística, las aguas negras y las grandes cargas de
visitantes (Morera, 2002).
·
En lo social, los impactos son también
importantes en Costa Rica, ya que no hay una verdadera política de
participación de las comunidades locales, sólo se crean empleos estacionales.
Al comienzo, los extranjeros tenían pequeñas empresas, luego todo cambió, se
formaron corporaciones y compraron la tierra a los campesinos necesitados y así
se han apoderado del negocio, quedando las migajas para los locales (Morera,
2002).
Es
por ello que el ecoturismo, al igual que su marco de referencia el ecologismo y
los movimientos ambientalistas, enfrentan hoy una doble crisis, por un lado, de
credibilidad y, por el otro, la práctica, ya que sus resultados sólo han
servido para beneficiar a grupos pequeños y, a su vez, han transformado el
ecoturismo en un negocio mundial.
Ante
la carencia de un verdadero debate sobre el ecoturismo y el desarrollo local y
regional, hoy debemos enfrentar, la existencia de dos grupos de autores, los
que defienden y los que ven sus costos y, como tal, lo identifican. Este debate
está en manos de expertos de América del Norte y pocos han entrado a la
polémica, más bien han sido fieles seguidores del ecologismo, la mayoría de los
autores latinoamericanos.
La
plataforma de defensa del ecoturismo tiene muchos adeptos, desde Elizabeth Boo
a Cevallos Lascurain, pero en este caso tomaremos dos defensores, que como
tales han planteado el tema.
Los
defensores del ecoturismo, sostienen que este modelo aporta financiamiento para
poder conservar las áreas naturales protegidas y sin protección, debido a que
crea empleos y una dinámica económica en la región que la aloja (Farell y
Runyan, 1991).Así mismo estos autores consideran que el ecoturismo apoya al
entendimiento de las culturas y el medio ambiente (Brandon, 1993).
Los
expertos que ven en el ecoturismo una forma de turismo con grandes problemas,
consideran que estos ecosistemas naturales son alterados por la acción de los
turistas, algo que ha sido ya denunciado desde la década de los 70, en los
primeros informes de evaluación del turismo como modelo de desarrollo. (De Kadt,
1989).
El
mayor impacto del ecoturismo se da en las culturas locales debido al efecto
demostración, que incide en el comportamiento, el lenguaje y las actitudes de
la población local a fin de poder reducir las diferencias con los visitantes,
asimetrías que ellos consideran los perjudican (Hall y Rudkin, 1993).
Otra
pregunta que pretendemos plantear y, en principio resolver, es ¿por qué en el
primer mundo hay turismo rural como eje del turismo alternativo y en la
periferia ecoturismo como centro del turismo alternativo?

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