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sábado, 23 de mayo de 2026

Por Lic. Adriana Schmid. Gestión turística local: brechas entre la planificación y la ejecución en destinos

 Por / mayo 23, 2026

Por Lic. Adriana Schmid. En el trabajo cotidiano con destinos turísticos, equipos técnicos y actores territoriales, se observa con frecuencia una situación que merece ser abordada con mayor profundidad: “existe una brecha creciente entre la planificación de acciones y su capacidad real de sostener resultados en el tiempo”.

En el trabajo cotidiano con destinos turísticos, equipos técnicos y actores territoriales, se observa con frecuencia una situación que merece ser abordada con mayor profundidad:

“existe una brecha creciente entre la planificación de acciones y su capacidad real de sostener resultados en el tiempo”.

En muchos casos, los destinos cuentan con:

●     recursos turísticos relevantes

●     identidad territorial

●     actores comprometidos

●     iniciativas en marcha

Sin embargo, estos elementos no siempre se traducen en resultados consistentes.

Esto no responde a una falta de esfuerzo.

Responde, en gran medida, a limitaciones vinculadas a la estructura de gestión del destino.

Al analizar distintos contextos, aparecen algunas situaciones recurrentes:

●     acciones de promoción que no se integran en una estrategia sostenida

●     niveles variables de articulación entre actores públicos y privados

●     proyectos con intención, pero sin estructura operativa clara

●     ausencia o debilidad en sistemas de información para la toma de decisiones

●     incorporación incipiente de criterios de sostenibilidad y regeneración

Estas condiciones generan un escenario donde:

“el destino funciona, pero no necesariamente se desarrolla”.

En este contexto, el desafío ya no se limita a incrementar la visibilidad o el flujo turístico.

Se vuelve necesario avanzar en aspectos más estructurales, tales como:

●     organización del sistema turístico local

●     definición de roles y responsabilidades

●     coordinación efectiva entre actores

●     priorización de iniciativas

●     incorporación progresiva de herramientas de gestión

Desde una perspectiva técnica, esto implica pasar de una lógica centrada en acciones aisladas a una lógica orientada a sistemas de gestión turística.

En este proceso, resulta clave:

●     comprender cómo está funcionando actualmente el destino

●     identificar brechas entre intención y ejecución

●     ordenar la información disponible

●     establecer criterios para la toma de decisiones

El abordaje de estos aspectos permite mejorar la capacidad del destino para:

●     sostener resultados

●     optimizar recursos

●     fortalecer su posicionamiento

●     adaptarse a nuevas demandas del sector

En la actualidad, el turismo enfrenta transformaciones que impactan directamente en la gestión local:

●     mayor exigencia en términos de sostenibilidad

●     necesidad de medición y uso de datos

●     cambios en el comportamiento de la demanda

●     mayor competencia entre destinos

Frente a este escenario, la gestión turística requiere un enfoque más integrado, técnico y orientado a resultados.

En este sentido, resulta cada vez más relevante trabajar sobre herramientas que permitan:

●     realizar diagnósticos iniciales de situación

●     clasificar el nivel de madurez del destino

●     identificar prioridades de intervención

●     generar una base para el desarrollo de propuestas más específicas

El fortalecimiento de la gestión turística local no depende exclusivamente de grandes intervenciones.

En muchos casos, comienza por ordenar, entender y priorizar.

Si estás trabajando en turismo desde un municipio, una institución o el sector privado:

👉 ¿Cómo describirías hoy el nivel de organización y coordinación del destino en el que participás?

Lic. Adriana Schmidt Gestión estratégica en turismo público | Planificación y viabilidad de proyectos | Sostenibilidad aplicada https://www.linkedin.com/in/lic-adriana-schmidt-/

viernes, 22 de mayo de 2026

Por Jorge Posdeley. El turismo argentino entra en modo supervivencia: viajan más, gastan menos y estiran cada peso al límite

 Por / mayo 22, 2026

Por Jorge Posdeley. El 80% de los argentinos planea viajar este año, Argentina lidera la intención de viaje en toda la región de Latinoamérica. Asimismo, operadores de peso reportan un incremento del 55% en el volumen de demanda acumulada y confirman una tendencia: el viajero Argentino distribuye sus escapadas a lo largo de los 12 meses, rompiendo la dependencia exclusiva del verano.

El turismo del «por las dudas»: por qué el 80% de los argentinos planea viajar, pero con el bolsillo en modo supervivencia

El deseo por viajar de cualquier argentino se mantiene intacto y no se negocia bajo ningún pretexto, pero el presupuesto sí. Esa es la principal conclusión que nos dejan los números de los últimos fines de semana largos y el análisis de los datos que acaban de publicar dos de los medios más influyentes del sector de los negocios y la actualidad.

Si rápidamente miramos una foto turística en los medios especializados de cualquiera de los destinos turísticos argentinos consolidados podemos observar facilmente, que el sector turístico y de los viajes pareciera no percibir ninguna merma y mucho menos estar viviendo una profunda retracción económica. Según un informe reciente de Forbes Argentina, el 80% de los argentinos planea viajar este año, liderando la intención de viajar en toda la región, superando inclusive a los mexicanos. Al mismo tiempo, un informe de la  Global Holiday Barometer 2026 publicado por el diario La Nación revela que las ganas de viajar de los argentinos  están intactas, consolidando una tendencia que ya veníamos observando desde hace tiempo.

Sin embargo, cuando hacemos zoom  de acercamiento en el comportamiento real del consumo del turista en el territorio, la realidad nos muestra una paradoja importante en estos momentos de libre mercado: las personas viajan, pero viaja con lo justo, y al límite.

Adiós al impulso, un camino al «turismo de cálculo»

La gran transformación cultural de estas temporadas es el fin del viaje impulsivo. Como bien define la nota de La Nación, el orden de los factores se invirtió por completo:

«Antes elegías primero el destino y después veías cómo acomodar el presupuesto. Ahora primero definís cuánto podés gastar y en función de eso organizás el viaje».

Esto es lo que en la jerga de los especialistas venimos llamando el fenómeno del «canasteo». El viajero nacional ya no entra a un restaurante sin mirar primero el costo de  la carta exhibida  en la puerta, el viajero de hoy recorta las excursiones pagas y cuida cada peso de manera como si fuera el último de los gastos en destino. Las témporas y los fines de semanas largos nos vienen demostrando que existe un flujo físico, una demanda turística masiva de personas moviéndose por las rutas y aeropuertos del país, pero el derrame económico en la cadena de valor local (gastronomía, comercio, recreación) es llamativamente bajo, cada vez más bajo.

Movimiento, Masividad y Desestacionalización

  • Forbes Argentina destaca un dato de alto impacto volumétrico: el 80% de los argentinos planea viajar este año, liderando la intención de viaje en toda la región de Latinoamérica. Asimismo, operadores de peso como Despegar (citados en La Nación) reportan un incremento del 55% en el volumen de demanda acumulada y confirman una tendencia: el viajero distribuye sus escapadas a lo largo de los 12 meses, rompiendo la dependencia exclusiva del verano.
  • Equiparación con la Línea de Análisis Interna: Este punto expone con claridad: el espejismo de la masividad sin rentabilidad. El hecho de que Argentina lidere la intención regional con un 80% confirma que el turismo es un bien de consumo cultural consolidado e irrenunciable. Sin embargo, este enorme volumen de movimiento fragmentado en micro-escapadas distribuidas durante el año satura la capacidad de carga en destinos en momentos muy puntuales, pero genera un derrame económico atomizado. Hay flujo físico de personas, pero no hay acumulación significativa de capital en los destinos receptivos.

Los  filtros del viajero actual

Para sostener las ganas de viajar sin que colapse la tarjeta de crédito, el turista argentino está aplicando filtros logísticos muy claros y concretos en sus viajes:

  • Estadías de supervivencia: Las escapadas se acortan cada temporada. Para compensar los costos fijos de traslado, la estadía media se ha reducido a mínimos críticos (entre 2 y 3 noches). El viajero prefiere sacrificar días de pernocte antes que quedarse sin viajar.
  • Logística familiar: El 71% de los argentinos viaja en familia, según los datos de Forbes. Esto obliga a una planificación hiper-rigurosa donde el transporte (60% elige avión por optimización de distancia y tiempos) absorbe la mayor parte del presupuesto, dejando el gasto en destino reducido a su mínima expresión.
  • Desestacionalización obligada: Los operadores reportan un aumento del 55% en la demanda acumulada fuera de las temporadas altas tradicionales. El argentino ahora re-distribuye sus viajes a lo largo de los 12 meses, aprovechando cada fin de semana largo para fraccionar el gasto, o generar una única escapada al año.
  • Hospedaje extrahotelero y plataformas: La reconfiguración del gasto de los servicios hoteleros es drástica. Ante las tarifas del hotelería tradicional, el turista opta masivamente por ofertas de alquileres temporarios y plataformas digitales. Esta alternativa no solo abarata el pernocte, sino que permite la cultura del «auto-abastecimiento» (cocinar en el lugar), recortando el gasto gastronómico diario, un pilar crítico en la economía del nuevo viajero.

El gran desafío para los destinos: Facturar, o solo contabilizar personas

Este escenario nos plantea un reto enorme a quienes gestionan el turismo desde una perspectiva profesional. Medir el éxito de un destino turístico simplemente contando cuántos autos pasaron por el peaje, o el porcentaje de ocupación hotelera o la cuantificación de ingreso a un atractivo, es un grave error de diagnóstico muy peligroso. Lo venimos diciendo desde hace tiempo, masividad vs rentabilidad. Pero esta situación hoy representa Un espejismo de la masividad sin rentabilidad.

A esto se le debe sumar un problema técnico invisible para el público general pero crítico para los profesionales: el actual apagón estadístico (la falta de datos oficiales actualizados como la ETI o la EOH). Sin herramientas públicas que midan el gasto real, los técnicos debemos agudizar el ingenio, autogenerar datos ciertos en el territorio y apoyarnos en barómetros internacionales para entender hacia dónde va el mercado.

El argentino seguramente va a seguir viajando porque el turismo ya es un derecho adquirido en su matriz de consumo cultural. El reto de los destinos ahora no es atraer más personas, sino diseñar experiencias atractivas, seguras y profesionales que logren romper la rigidez de un bolsillo que hoy, más que nunca, viaja en modo supervivencia.

El veredicto: El bolsillo marca los viajes

Sin una mejora en las condiciones microeconómicas caracterizadas por las subas de tarifas constantes, el aumento semanal del combustible, pérdida de la capacidad de financiamiento (Tasas de interés y tarjetas), Presión impositiva y tasas locales   y sueldos planchados, la actividad turística domestica seguirá su derrotero de reducción, y probablemente ingresará de manera inevitable próximamente en un escenario de estancamiento estructural. Mas allá de las ganas de viajar.

La ecuación para los próximos meses es estadística pura: ante la falta de ingresos reales, el mercado se fracturará. O empezará a caer el volumen total de viajeros, o seremos testigos de un tipo de turismo que estira el billete hasta límites insospechados, reduciendo el gasto en destino a casi cero.

Con las ganas de viajar intactas, pero con las billeteras en tiempos de vacas flacas, el verdadero desafío para los destinos turísticos ya no será competir por quién tiene el mejor paisaje o las mejores experiencias, sino quién logra ofrecer la mayor previsibilidad, seguridad y valor real a un consumidor que cuida cada centavo como si fuera el último.

Por Magister Jorge Posdeley. Arroba Consulting – Consultoría en Turismo, Marketing Digital y sostenibilidad https://wa.me/543764844111 licjorgeturismo@gmail.com 

  • Fuente A: Diario La Nación (15/05/2026) – Análisis del Global Holiday Barometer 2026, elaborado por el Grupo Europ Assistance junto a Ipsos en 26 países.
  • Fuente B: Forbes Argentina (19/05/2026) – Reporte de negocios sobre intención de viaje, preferencias logísticas y adopción tecnológica en el mercado local.
  • PSS 22/05/2026. Foto Chat GPT

ETI: Encuesta de Turismo Internacional EOH: Encuesta de Ocupación Hotelera

miércoles, 13 de mayo de 2026

Por Jorge Posdeley. Medir la huella de carbono en turismo: cuando la sostenibilidad deja de ser discurso y comienza a convertirse en gestión

 Por / mayo 13, 2026

Por Jorge Posdeley. La medición de la Huella de Carbono representa un punto de transición entre el «discurso y la gestión». Permite comprender cómo impacta la actividad turística sobre el territorio, identificar oportunidades de mejora y construir modelos de operación más responsables, eficientes y coherentes con las nuevas demandas del turismo global. En este escenario, la medición de la Huella de Carbono comienza a ocupar un rol estratégico central, permite cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por una organización, actividad o servicio turístico, transformando lo que antes era únicamente percepción en información concreta, medible y verificable.

Medir la huella de carbono en turismo: cuando la sostenibilidad deja de ser discurso y comienza a convertirse en gestión

Durante décadas, el turismo internacional creció bajo una lógica asociada principalmente a la cantidad: más visitantes, más ocupación, más excursiones, más transporte, más infraestructura y más circulación de personas. Sin embargo, en los últimos años comenzó a consolidarse una transformación profunda en la manera de viajar, consumir experiencias y elegir destinos.

El turista contemporáneo ya no busca únicamente “ver lugares”. Busca vivir experiencias auténticas, emocionalmente significativas y ambientalmente responsables. Y en ese proceso, algo comenzó a cambiar silenciosamente: el valor del territorio.

Hoy, millones de viajeros en todo el mundo empiezan a alejarse de la masividad turística para acercarse a destinos más prístinos, naturales, silenciosos y menos intervenidos. La selva, las áreas protegidas, los pequeños lodges, las experiencias de naturaleza, los senderos poco explorados, las comunidades locales y los territorios alejados del ruido urbano comenzaron a adquirir un nuevo protagonismo dentro de la economía turística global.

Pero esta transformación también trae una nueva exigencia.

El turista actual ya no se conforma con discursos ambientales vacíos ni con acciones superficiales de marketing verde. La sostenibilidad dejó de ser solamente una herramienta promocional para transformarse en un criterio real de elección.

Y aquí aparece uno de los mayores desafíos del turismo moderno: demostrar técnicamente que una actividad, un alojamiento, una agencia de viajes o una experiencia turística gestionan de manera responsable su impacto ambiental.

En este escenario, la medición de la Huella de Carbono comienza a ocupar un rol estratégico central. La Huella de Carbono permite cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por una organización, actividad o servicio turístico, transformando lo que antes era únicamente percepción en información concreta, medible y verificable.

En otras palabras: permite pasar del relato ambiental a la gestión ambiental.

Y esto resulta especialmente importante en turismo, porque muchas veces el mayor impacto ambiental no se encuentra únicamente en la infraestructura física, sino en toda la cadena de valor asociada a la experiencia turística:

Transporte, logística, movilidad, excursiones, proveedores, consumos energéticos, residuos, alimentación, servicios tercerizados.

Ratifica lo que muchos especialistas venimos anticipando: el turismo del futuro no se definirá solamente por la belleza del destino, sino por la capacidad de gestionar responsablemente el territorio donde la experiencia ocurre.

En este contexto, medir la Huella de Carbono ya no representa únicamente una herramienta ambiental. Comienza a convertirse en una herramienta de competitividad, posicionamiento y sostenibilidad empresarial.

¿Por qué es importante calcular la Huella de Carbono en turismo?

Porque el turismo depende directamente de la calidad ambiental del territorio.

Un destino degradado ambientalmente pierde atractivo, identidad y valor experiencial. En cambio, los territorios que conservan biodiversidad, paisaje, silencio, agua, bosque y autenticidad cultural se posicionan cada vez más fuerte dentro del mercado internacional.

La actividad turística necesita comprender que conservar el ambiente ya no es solamente una cuestión ética: es también una estrategia económica y de supervivencia competitiva.

Y para poder gestionar algo, primero es necesario medirlo.

La medición de la Huella de Carbono permite:

Identificar impactos, comprender dónde se generan las emisiones, optimizar procesos, reducir consumos, tomar decisiones estratégicas, y construir modelos turísticos más sostenibles.

Pero además, permite diferenciar claramente a quienes gestionan sostenibilidad real de quienes únicamente desarrollan acciones de marketing verde sin respaldo técnico.

Hoy el mercado comienza a exigir evidencia.

Ya no alcanza con decir: “somos sustentables”.

Ahora es necesario demostrar:

Cuánto se consume, cuánto se emite, qué impacto se genera, y qué acciones concretas se implementan para reducirlo.

Cinco ventajas estratégicas de calcular la Huella de Carbono en turismo

1. Mejora el posicionamiento y la competitividad del destino o empresa

El mercado turístico global está evolucionando hacia experiencias más responsables y conscientes. Los viajeros comienzan a valorar organizaciones que puedan demostrar compromiso ambiental mediante indicadores reales y medibles. Medir la Huella de Carbono permite construir credibilidad y diferenciarse dentro de un mercado cada vez más exigente.

Especialmente en:

Lodges, hoteles de naturaleza, agencias receptivas, campings, experiencias regenerativas, y destinos de baja intervención ambiental.

2. Permite identificar dónde realmente se generan los impactos ambientales

Uno de los mayores aportes de la Huella de Carbono es que visibiliza algo que muchas organizaciones desconocen: sus verdaderas fuentes de emisión.

En turismo, gran parte de las emisiones suelen encontrarse en:

Transporte, logística, movilidad turística, servicios tercerizados, y proveedores externos.

Esto permite tomar decisiones estratégicas más eficientes y desarrollar procesos de mejora continua.

3. Ayuda a reducir costos operativos

La sostenibilidad también puede ser eficiencia.

Cuando una organización comienza a medir:

Consumo energético, movilidad, papel, combustibles, logística, residuos, aparecen oportunidades concretas de optimización económica.

Muchas veces, reducir emisiones también implica:

Reducir desperdicios, optimizar rutas, mejorar consumos, y disminuir costos operativos.

4. Facilita el acceso a nuevos mercados y alianzas estratégicas

Cada vez más operadores internacionales, plataformas y mercados emisivos incorporan criterios ambientales dentro de sus procesos de selección de proveedores turísticos.

Las organizaciones que ya poseen inventarios GEI o estrategias ambientales verificables comienzan a tener ventajas competitivas frente a quienes todavía no desarrollaron este tipo de herramientas.

Esto resulta especialmente importante para:

Turismo internacional, turismo premium, turismo de naturaleza, y experiencias regenerativas.

5. Permite construir sostenibilidad real y no solamente marketing ambiental

Quizás esta sea una de las ventajas más importantes.

La medición transforma la sostenibilidad en gestión concreta.

Permite abandonar discursos genéricos y avanzar hacia acciones reales:

Reducción de impactos, selección responsable de proveedores, movilidad sostenible, digitalización, eficiencia energética, compensación, conservación ambiental.

En definitiva, permite construir organizaciones turísticas coherentes con el territorio donde operan.

El desafío que comienza

El turismo atraviesa una transición profunda. La masividad comienza lentamente a perder valor frente a experiencias más auténticas, silenciosas y ambientalmente responsables. Y en esa transformación, los territorios naturales, las experiencias de bajo impacto y las organizaciones comprometidas con la sostenibilidad tendrán cada vez más protagonismo.

Sin embargo, el gran desafío ya no será solamente “decir” que se trabaja sosteniblemente. El verdadero desafío será demostrarlo.

Y allí, la medición de la Huella de Carbono aparece como una de las herramientas más importantes para el futuro del turismo.

Porque el turismo del futuro no será únicamente el que mejor promocione sus paisajes.

Será el que mejor conserve el territorio que hace posible la experiencia.

Conclusión: “Medir la huella de carbono en turismo: cuando la sostenibilidad deja de ser discurso y comienza a convertirse en gestión”

La actividad turística atraviesa uno de los procesos de transformación más profundos de su historia reciente. El crecimiento de un turista más consciente, la revalorización de los territorios naturales y el rechazo creciente hacia modelos turísticos masivos comienzan a redefinir la manera en que destinos y organizaciones deben posicionarse frente al mercado.

En este nuevo escenario, la sostenibilidad dejó de ser únicamente un atributo promocional para transformarse en una condición estratégica de competitividad y permanencia. Ya no alcanza con comunicar compromiso ambiental: el verdadero desafío consiste en demostrarlo mediante herramientas concretas, medibles y verificables.

La medición de la Huella de Carbono representa precisamente ese punto de transición entre el discurso y la gestión. Permite comprender cómo impacta la actividad turística sobre el territorio, identificar oportunidades de mejora y construir modelos de operación más responsables, eficientes y coherentes con las nuevas demandas del turismo global.

Ratifica lo que muchos especialistas venimos anticipando: «el turismo del futuro no será solamente el que logre atraer visitantes, sino el que sea capaz de conservar el ambiente, la identidad y la calidad territorial que hacen posible la experiencia turística».

Porque en definitiva, el verdadero valor del turismo no estará únicamente en los paisajes que promociona, sino en la capacidad de proteger aquello que los viajeros buscan vivir.

  Por Magister Jorge Posdeley. Arroba Consulting – Consultoría en Turismo, Marketing Digital y sostenibilidad https://wa.me/543764844111 licjorgeturismo@gmail.com PSS 13/05/2026

Por Magister Jorge Posdeley. Medir la Huella de Carbono: de herramienta ambiental a estrategia de competitividad turística

 Por / mayo 13, 2026

La Huella de Carbono ya no debe entenderse únicamente como un indicador ambiental. Comienza a consolidarse como una herramienta estratégica capaz de mejorar posicionamiento, optimizar procesos, fortalecer reputación y facilitar el acceso a nuevos mercados turísticos cada vez más exigentes en materia ambiental. Las organizaciones que logren medir, interpretar y gestionar sus impactos ambientales estarán mejor preparadas para afrontar los desafíos del nuevo turismo

Medir la Huella de Carbono: de herramienta ambiental a estrategia de competitividad turística

Durante muchos años, la sostenibilidad dentro del turismo fue entendida principalmente como un valor asociado a la conservación ambiental, el cuidado del paisaje o la protección de los recursos naturales. Sin embargo, el escenario turístico global comenzó a transformarse de manera acelerada y hoy la sostenibilidad dejó de ser únicamente una cuestión ambiental para convertirse también en una variable estratégica de competitividad.

El mercado cambió. El turista cambió.

Y también comenzó a cambiar la forma en que los destinos y las empresas turísticas deben posicionarse frente a un consumidor cada vez más informado, más exigente y más consciente del impacto ambiental que generan sus decisiones de viaje. En este nuevo contexto, medir la Huella de Carbono ya no representa solamente una acción vinculada al cuidado del ambiente. Comienza a consolidarse como una herramienta de posicionamiento empresarial, diferenciación comercial y sostenibilidad económica a largo plazo.

Porque hoy el turismo ya no vende únicamente habitaciones, excursiones o paquetes turísticos.

El turismo vende experiencias. Y las experiencias, cada vez más, están asociadas a valores.

El nuevo turista: menos masividad y más conciencia

A nivel global, el turismo comienza lentamente a alejarse de los modelos masivos que dominaron gran parte del crecimiento turístico de las últimas décadas.

El viajero contemporáneo busca:

Destinos menos saturados, experiencias más auténticas, contacto con la naturaleza, bienestar emocional, silencio, identidad cultural, y servicios ambientalmente responsables.

La selva, los lodges de naturaleza, los pequeños hoteles, las experiencias regenerativas, las reservas naturales y los territorios alejados del ruido urbano comenzaron a adquirir un nuevo valor dentro de la economía turística internacional.

Pero esta transformación también elevó el nivel de exigencia del mercado.

Hoy ya no alcanza con incorporar frases como:

  • “eco-friendly”,
  • “sustentable”,
  • “verde”,
  • o “responsable con el ambiente”.

El turista actual comienza a desconfiar del llamado “greenwashing” o falso marketing verde.

Y aquí aparece uno de los grandes desafíos del turismo moderno: demostrar técnicamente la sostenibilidad. Porque el turismo dejó de ser solamente un producto emocional. Hoy también es un producto ambientalmente evaluable.

La Huella de Carbono como herramienta estratégica

La Huella de Carbono permite cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por una organización, actividad o servicio turístico.

Pero su verdadero valor estratégico va mucho más allá del cálculo técnico.

Lo que realmente aporta es capacidad de gestión.

Permite comprender:

  • dónde se generan las emisiones,
  • qué actividades tienen mayor impacto,
  • cómo optimizar procesos,
  • qué proveedores generan más emisiones,
  • y qué acciones pueden implementarse para reducir impactos ambientales.

En otras palabras:
la medición transforma la sostenibilidad en información estratégica.

Y eso tiene enormes implicancias para el turismo.

Porque muchas veces las principales emisiones no provienen directamente del alojamiento o de la infraestructura física, sino de toda la cadena de valor turística:

Transporte, logística, excursiones, movilidad, alimentación, proveedores, y servicios tercerizados.

Ratifica lo que muchos especialistas venimos anticipando: el turismo del futuro dependerá cada vez más de la capacidad de gestionar ambientalmente toda la experiencia turística y no solamente el establecimiento donde ocurre.

Competitividad: el nuevo valor de la sostenibilidad

Uno de los cambios más importantes que atraviesa el turismo global es que la sostenibilidad comienza a convertirse en un factor competitivo.

Las empresas turísticas que puedan demostrar: medición, trazabilidad, reducción de impactos, y compromiso ambiental verificable, comenzarán a diferenciarse dentro de un mercado cada vez más selectivo.

Especialmente en segmentos vinculados a:

Turismo de naturaleza, turismo premium, experiencias regenerativas, ecoturismo, wellness, y turismo internacional.

La Huella de Carbono empieza así a transformarse en:

Un indicador de gestión, una herramienta reputacional, y un activo comercial.

Porque en el nuevo turismo global, conservar el territorio ya no es solamente una responsabilidad ética. También es una estrategia de mercado.

Posicionamiento: cuando el territorio se convierte en valor

Los destinos mejor posicionados del futuro probablemente no serán los más masivos.

Serán aquellos capaces de conservar:

Biodiversidad, paisaje, autenticidad, cultura local, silencio, y calidad ambiental.

Y eso implica que las organizaciones turísticas deberán demostrar coherencia entre lo que promocionan y lo que realmente gestionan. En este escenario, medir la Huella de Carbono permite construir credibilidad. Permite respaldar técnicamente discursos ambientales que antes quedaban únicamente en el plano promocional.

Y esto comienza a ser clave para:

  • hoteles,
  • lodges,
  • agencias de viajes,
  • operadores receptivos,
  • campings,
  • experiencias inmersivas,
  • y productos de naturaleza.

Porque el mercado empieza a premiar cada vez más a quienes gestionan sostenibilidad real y no solamente comunicación ambiental.

Sostenibilidad empresarial: mucho más que ambiente

Existe una idea equivocada muy frecuente: creer que la sostenibilidad representa únicamente una cuestión ambiental.

En realidad, la sostenibilidad también es:

Eficiencia, planificación, reducción de costos, optimización operativa, gestión de riesgos, y adaptación a nuevas demandas del mercado.

Cuando una organización turística comienza a medir:

Consumos energéticos, movilidad, logística, papel, transporte, residuos, aparecen oportunidades concretas de mejora operativa y económica.

Muchas veces, reducir emisiones también significa:

  • reducir desperdicios,
  • optimizar rutas,
  • digitalizar procesos,
  • mejorar consumos,
  • y disminuir costos.

Por eso, la Huella de Carbono comienza lentamente a transformarse en una herramienta de gestión empresarial y no únicamente ambiental.

El turismo que viene

El turismo atraviesa una transición profunda.

Los viajeros ya no buscan solamente destinos bonitos. Buscan coherencia, autenticidad y experiencias alineadas con nuevos valores ambientales y sociales. Y en ese escenario, medir la Huella de Carbono dejará de ser una acción opcional para convertirse progresivamente en una herramienta central de competitividad turística.

Porque el turismo del futuro probablemente no será el que más crezca en cantidad. Será el que mejor conserve aquello que hace única la experiencia: el territorio, la naturaleza y la identidad del lugar. Y allí, la medición ambiental aparece como una de las herramientas más importantes para construir un turismo verdaderamente sostenible, competitivo y preparado para el nuevo escenario global.

Conclusión: “Medir la Huella de Carbono: de herramienta ambiental a estrategia de competitividad turística”

La sostenibilidad turística dejó de ocupar un lugar periférico dentro de la actividad para convertirse en uno de los principales factores de diferenciación y competitividad del mercado global. El crecimiento de nuevas demandas vinculadas al turismo de naturaleza, las experiencias auténticas y el consumo responsable está obligando a destinos y empresas turísticas a evolucionar hacia modelos de gestión más transparentes, medibles y técnicamente verificables.

En este contexto, la Huella de Carbono ya no debe entenderse únicamente como un indicador ambiental. Comienza a consolidarse como una herramienta estratégica capaz de mejorar posicionamiento, optimizar procesos, fortalecer reputación y facilitar el acceso a nuevos mercados turísticos cada vez más exigentes en materia ambiental.

Las organizaciones que logren medir, interpretar y gestionar sus impactos ambientales estarán mejor preparadas para afrontar los desafíos del nuevo turismo, donde la competitividad no dependerá solamente de la infraestructura o la promoción, sino también de la capacidad de demostrar coherencia entre el discurso ambiental y las acciones reales.

El turismo que viene será cada vez más selectivo con los territorios y con las empresas que elige. Y en ese escenario, quienes comprendan que la sostenibilidad también es gestión, planificación y estrategia competitiva, tendrán mayores posibilidades de consolidarse dentro de un mercado turístico que ya comenzó a cambiar.

  Por Magister Jorge Posdeley. Arroba Consulting – Consultoría en Turismo, Marketing Digital y sostenibilidad https://wa.me/543764844111 licjorgeturismo@gmail.com

Por Lic. Adriana Schmid. Gestión turística local: brechas entre la planificación y la ejecución en destinos

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