Por / junio 7, 2026

Por Lic. Adriana Schmidt Desde una perspectiva técnica, el cálculo de huella de carbono constituye uno de los primeros pasos para estructurar sistemas de gestión más integrales, ya que permite transformar variables ambientales en información concreta para la toma de decisiones.
24 de mayo de 2026
La huella de carbono ya no es solo un indicador ambiental
Durante muchos años, la discusión sobre huella de carbono estuvo asociada principalmente a cuestiones ambientales o climáticas. Sin embargo, en el contexto actual, su relevancia comienza a extenderse hacia dimensiones vinculadas a la competitividad territorial, el acceso a inversiones y la sostenibilidad económica de los destinos.
En este sentido, los cambios en las exigencias de los mercados, junto con la creciente incorporación de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), están modificando progresivamente las condiciones bajo las cuales los territorios compiten, atraen inversiones y posicionan su oferta.
Esto implica que variables vinculadas al impacto ambiental, la generación de empleo local, la sostenibilidad de los procesos y la capacidad de gestión institucional comienzan a tener una incidencia cada vez mayor en la evaluación de proyectos, el acceso a financiamiento y las decisiones de inversión.
A partir de ello, la capacidad de un destino para medir, comprender y gestionar sus impactos ambientales deja de constituir únicamente una acción complementaria y comienza a transformarse en un componente estratégico de gestión.
En el caso del turismo, esta situación adquiere particular relevancia debido a que gran parte de la actividad depende directamente de variables ambientales y territoriales: recursos naturales, movilidad, consumo energético, generación de residuos y uso intensivo de infraestructura, entre otros aspectos.
No obstante, en numerosos destinos, estas variables aún no son monitoreadas de manera sistemática, lo que limita la posibilidad de:
- identificar fuentes principales de impacto
- establecer criterios de mejora
- acceder a programas o líneas de financiamiento
- fortalecer el posicionamiento competitivo del destino
- anticipar riesgos asociados a futuras exigencias regulatorias o de mercado
En consecuencia, se configura un escenario en el cual muchos territorios avanzan en acciones vinculadas a sostenibilidad, pero sin contar con herramientas que permitan medir objetivamente sus resultados ni demostrar su evolución en el tiempo.
Desde una perspectiva técnica, el cálculo de huella de carbono constituye uno de los primeros pasos para estructurar sistemas de gestión más integrales, ya que permite transformar variables ambientales en información concreta para la toma de decisiones.
Asimismo, su implementación posibilita:
- generar indicadores comparables
- priorizar intervenciones
- optimizar recursos
- fortalecer estrategias de sostenibilidad
- mejorar condiciones para la atracción de inversiones y financiamiento
En este contexto, la medición deja de ser únicamente una cuestión técnica.
Se convierte en una herramienta de planificación, competitividad y preparación territorial frente a escenarios cada vez más exigentes.
Particularmente en destinos turísticos, donde la sostenibilidad comienza a consolidarse no solo como una demanda ambiental, sino también como una condición creciente para el desarrollo económico y el posicionamiento estratégico.
El desafío ya no está solamente en declarar compromiso con la sostenibilidad. Está en desarrollar capacidad real para medirla, gestionarla y demostrarla.