Seguidores

viernes, 24 de abril de 2026

Por Alfredo César Dachary. "Hacia un nuevo orden mundial"

 Por abril 24, 2026

Alfredo César Dachary. “Cada guerra es una destrucción del espíritu humano” Henry Miller.

Cada año que pasa los balances son similares, número de conflictos, genocidio, muerte de civiles inocentes, asesinatos de líderes políticos, militares o científicos, en general, no cabe duda que desde el fin de la 2ª. Guerra Mundial hasta hoy, las guerras forman parte de la cotidianidad.

¿Somos a nivel global una sociedad guerrera o qué está ocurriendo? Sería un abuso pensar que todos los países son guerreristas, porque las guerras como la paz se manejan desde el poder, y el ejemplo más claro es Estados Unidos, que mantiene ahora uno doble frente, uno interno en conflicto por el dominio de las drogas y la pobreza que hay detrás de la tragedia social y el frente internacional, la verdadera moneda de cambio de ese país desde la toma del poder hegemónico mundial.

Occidente promueve una estrategia que la mayoría de los politólogos consideran que está condenada al fracaso, piensa esa mayoría y otros le suman un ingrediente más que consolida un frente amplio para resistir a Estados Unidos, o sea, se adelantaron a la promoción abierta de una segunda guerra fría, ya que en la base de una resistencia con posibilidades de éxito está la dupla poderosa de Rusia – China, el país más grande del mundo y la primera economía del globo.

 Es así que se empuja al gigante ruso hacia los brazos de la hoy poderosa China, dos potencias que inicialmente tuvieron una meta ortodoxa del Marxismo Leninismo y en el siglo XXI con pocos restos de ese pasado “proletario”, que ha desaparecido en Rusia y se ha transformado en China con la base cultural muy diferente entre sí, ya que la Federación Rusa y la República Popular China tienen, sin embargo, la misma experiencia en cuanto en la relación con Occidente; ambos Estados han sido víctimas de la estrategia occidental del “divide y vencerás”, pero en esta nueva etapa no tiene posibilidades esa premisa estratégica.

La visita del líder chino a Moscú se da dentro de un espacio de mucho significado para todos los rusos, ya que en la primera semana de mayo de este año el presidente chino, Xi Jinping, y Vladimir Putin de Rusia acordaron que los dos mega países deberían ser «amigos de acero», y se comprometieron a elevar la cooperación a un nuevo nivel y contrarrestar «decididamente» la influencia guerrerista de Estados Unidos.

En las conversaciones en el Kremlin, los dos líderes se presentaron como defensores de un nuevo orden mundial que ya no esté dominado por Estados Unidos, es más, el propio Estados Unidos intenta recuperar liderazgo para reimpulsar una estrategia nueva, en reemplazo del anterior globalismo de inicios del siglo XXI.

La República Popular China produce la tercera parte de los bienes manufacturados de todo el mundo, más que Estados Unidos, Alemania, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido juntos. Rusia, a pesar del sabotaje militar de Estados Unidos y la OTAN que inutilizó el mayor gasoducto del mundo – Nord Stream y Nord Stream 2 –, que llevaba el gas natural ruso hasta Europa occidental, y también a pesar de las sanciones que la Unión Europea le impuso, suministra cada vez más gas y más petróleo a China e importa desde ese país los productos industriales que antes importaba de Europa.

Por lo que el fortalecimiento de las relaciones entre Rusia y China es parte de la consolidación de los BRICS, organización intergubernamental, iniciada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que se ha ampliado con la incorporación de Arabia Saudita, Irán, Egipto, Etiopía y Emiratos Árabes Unidos. Y ya hay nuevos aspirantes a entrar en el grupo BRICS, presidido este año por Rusia, grupo de países deseosos de establecer un orden mundial multipolar como alternativa al orden unipolar de Occidente.

Es por ello que no sorprende el empeño para mantener a cualquier precio su predominio en un mundo en plena transición, o sea, que Occidente recurre a la guerra en un vasto escenario que va desde Europa hasta el Medio Oriente y Asia Central, área donde históricamente se definió como la teoría geopolítica del «centro del mundo» o «Heardland» que fue desarrollada por el geógrafo británico Halford John Mackinder a principios del siglo XX. Esta teoría postula que la región central de Eurasia, conocida como el Heardland, es clave para el poder global, y quien controle el Heardland, dominará la «Isla Mundial» (Eurasia y África), por ende, el mundo. 

El discurso que pronunció el presidente en el desfile militar del 9 de mayo, en ocasión del 79º. aniversario describe la situación de la siguiente manera: “Alimentar sentimientos revanchistas, burlarse de la Historia y tratar de justificar a los actuales adeptos del nazismo es parte de la política común de las élites occidentales para alimentar los conflictos regionales, las luchas interétnicas e interreligiosas y para contener los centros soberanos e independientes del desarrollo mundial”.

La relación entre China y Rusia se describe como una alianza estratégica, aunque no formalmente como tal, que ha ido creciendo en importancia en los últimos años. Esta alianza se manifiesta en varios ámbitos, incluyendo lo político, económico y militar, con el objetivo de contrarrestar la influencia de Occidente y promover un orden mundial multipolar.

Así se plantea la cooperación económica, cuyos lazos se vienen profundizando. Rusia y China han fortalecido sus lazos económicos, con un enfoque en el comercio, la inversión y proyectos energéticos conjuntos, siendo uno de sus principales logros el acuerdo de suministro de gas natural ruso a China por 30 años, que viene a cubrir la cuota europea que se está cerrando u opera sin control.

En cuanto a la cooperación política y diplomática, ambos países han trabajado juntos en foros internacionales como la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), donde buscan promover sus intereses y desafiar el liderazgo occidental. 

Ante la actual situación, la cooperación militar entre ambas potencias se ha fortalecido con ejercicios militares conjuntos y han aumentado su cooperación en tecnología militar, buscando fortalecer sus capacidades de defensa y disuasión, cuyos resultados se permean a una amplia periferia aliada, como es hoy el caso de Irán y el complejo escenario del Oriente medio.

Esta alianza entre China y Rusia se ve a menudo como un contrapeso a la influencia de Estados Unidos y sus aliados, especialmente en la esfera geopolítica global, ya que, sin estos puentes de apoyo, el aislamiento que plantea Estados Unidos sería más efectivo, hoy con los BRICS, la segunda gran alianza alternativa al capitalismo hegemónico, ésta crece cada vez más en posibilidades de éxito.  

Pero el presidente Putin ha descrito la relación como no aliados coyunturales pero mejores que aliados, lo que refleja un nivel de coordinación y confianza que va más allá de una simple alianza formal. 

De allí que la relación entre China y Rusia es compleja y multifacética, marcada por una creciente cooperación en diversas áreas y una visión compartida de un mundo multipolar, aunque no está exenta de tensiones y desafíos, ya que la estrategia de Estados Unidos es buscar dividir este poderoso eje que es el sostén efectivo de un modelo alternativo al que hoy impone Estados Unidos con sus más de mil base militares y flotas navales y aéreas de apoyo, ya que es el único escenario posible para mantener la tensión y, en caso extremo, llegar al desgaste, como ocurrió a fines del siglo pasado con la implosión de la URSS.

El régimen de China recibió en el mes de junio a los Ministros de Defensa de Irán, Rusia, Pakistán, Bielorrusia y otros países en el marco de una cumbre de seguridad regional organizada por la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), en un contexto internacional marcado por guerras activas en Oriente Medio y un aumento del gasto militar en Occidente.

El Ministro de Defensa chino, Dong Jun, inauguró el encuentro en la ciudad portuaria de Qingdao, sede de una base naval clave para el Ejército Popular de Liberación Chino quien advirtió sobre el avance del “unilateralismo” y el “proteccionismo” y afirmó queel mundo atraviesa una fase de “cambios cruciales”.

El funcionario calificó la situación global como un escenario de “caos e inestabilidad” y señaló que los actos hegemónicos, dominantes e intimidatorios socavan gravemente el orden internacional, ratificando la posición de China de no intervención militar en los conflictos globales, salvo situaciones extremas”.

El encuentro en Qingdao busca reforzar los vínculos entre países que comparten posturas críticas hacia Occidente, en particular frente a la expansión de la Alianza Atlántica y la aplicación de las sanciones unilaterales, expresión obsoleta de una época que ya es crisis: la hegemonía absoluta de Estados Unidos.

La Organización de Cooperación de Shanghái, integrada por diez miembros permanentes y varios países observadores, se presenta como una plataforma multilateral en la que predominan los intereses estratégicos de Rusia y China, y es por ello que  Beijing utiliza este foro como un contrapeso diplomático y militar a las alianzas occidentales, en especial a la OTAN por un lado y por el otro los BRICS, alianza estratégica en plena expansión, cuya estrategia va más allá de lo militar al promover el desarrollo a través del Nuevo Banco de Desarrollo dirigido por la expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

En esta cumbre, el almirante Dong Jun, Ministro de Defensa de China mantuvo una reunión bilateral con el Ministro de Defensa ruso, Andréi Beloúsov, quien destacó el fortalecimiento del vínculo estratégico entre ambas potencias militares, ratificando de que “las relaciones amistosas entre nuestros países mantienen una tendencia ascendente de desarrollo en todas direcciones”.

La presencia del Ministro de Defensa iraní no pasó inadvertida en una región donde las tensiones siguen elevadas y la intervención diplomática de potencias como China comienza a ganar terreno frente a las tradicionales iniciativas occidentales.

Aunque el gobierno chino insiste en mantener una posición neutral en el conflicto en Ucrania, los países occidentales denuncian que Beijing ha proporcionado a Rusia apoyo diplomático, comercial y tecnológico que ha sido clave para sostener su ofensiva militar.

Desde el inicio de la guerra ruso – ucraniana en febrero de 2022, Moscú ha profundizado su cooperación con Beijing en sectores como defensa, energía y tecnología, en parte como respuesta a las sanciones internacionales. La cumbre de Qingdao refuerza esa alianza y ofrece a China una plataforma para avanzar su influencia regional bajo un discurso de equilibrio y desarrollo pacífico. Este nuevo escenario podría ser útil para frenar las posiciones belicistas, pero la crisis de Estados Unidos podría igualmente transformarla en un problema global ante la magnitud de la deuda y la incapacidad actual de poder cubrirla.

Dr. Alfredo César Dachary México.  cesaralfredo552@gmail.com Docente Universitario. Conferencista. Investigador.

Créditos fotográficos pexels-lander-lai-64457665-8405419

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Chef Clara Sobotka "Tarta Chipa Guazú. Cuando dos tradiciones se encuentran en un mismo plato"

  Por   @ Consulting  /   abril 17, 2026 La  tarta chipa guazú  que propone la chef Clara Sobotka representa un desafío gastronómico extraor...

Populares