Por @ Gladys Voertler
“Dicen que viajando
se fortalece el corazón, pues andar nuevos caminos hace olvidar el anterior”. Solo se trata de vivir.
Lito Nebbia
Viajar
es parte de la historia del hombre. El motivo de viajar reside en el espíritu
placentero y curioso de quienes aman conocer el mundo en el que vivimos, en
descubrir de nuevas vivencias, en la natural habilidad para encontrar lo
novedoso e incomparable. En explorar todos los sentidos que caben en el
imaginario viajero.
Desde
este imaginario, el viaje es un componente de conocimiento y de
enriquecimiento, porque se basa en la curiosidad para descubrir los diferentes
ambientes, culturas y muchos modos de vida que coexisten en el planeta tierra.
El
viaje permite quebrar la rutina de los espacios cotidianos, cada experiencia permite
renovar energías con nuevas perspectivas sobre la vida misma. Por eso, quien
viaja, al regresar carga consigo nuevas representaciones sobre la vida y
encuentra nuevas motivaciones para emprender próximamente una experiencia más.
El
placer de un viaje a un lugar desconocido, la realización de una aventura inédita,
o el disfrutar de una noche al aire libre viendo las estrellas, el degustar de
una comida típica casera o, probar platos desconocidos ni siquiera imaginados crean
el disparador oportuno del espíritu viajero.
Los
viajes forman parte de un concepto mucho más amplio que conocemos como turismo.
El turismo, en la actualidad, plantea una alternativa de desarrollo social y
económico, se posiciona como una de las más apreciadas de todas las actividades
humanas. Ni Internet podrá sustituir (Delgado, 2004)
Tomando
el turismo como una herramienta para el desarrollo resulta de vital importancia
comprender que éste puede contribuir a la mejora de las economías, y en
particular si se trabaja responsablemente con planificaciones que guíen los
procesos de gestión (público-privado) del sector. Los beneficios del turismo en
escalas menores como las denominadas economías locales y regionales logran una
dinamización novedosa cuando este es adecuadamente planeado y gestionado.
Los
servicios, por tratarse de prestaciones y esfuerzos personales que se entregan
a los usuarios, no poseen un cuerpo físico y por esta razón se denominan productos
intangibles, dentro de esta categoría ubicada en el sector terciario de la
economía se encuentran los servicios al turismo.
Los
servicios turísticos se prestan en el destino o lugar turístico en el que se
producen, es decir, que el turista es quien debe desplazarse para poder
consumirlos, y a diferencia de otros productos, éste posee características
únicas y muy propias como la simultaneidad de producción y consumo, la
imposibilidad de generar stock, la imposibilidad de trasladarlos, características
éstas que complejizan su comercialización por las vías convencionales y lo
diferencian de cualquier otro producto de existencia física por ende, ante
situaciones extremas que imposibilitan la llegada de los turistas el sector se enfrenta a una complejidad de
sucesos incontrolables que indudablemente, y al margen del tamaño de la empresa
turística tornan inviable su supervivencia.
La
comunicación sobre la incidencia de riesgos y peligros en destinos turísticos
se ha incrementado a lo largo del tiempo. Aquí, para prevenir situaciones
indeseadas cumplen roles de vital importancia los organismos oficiales de
turismo de los países, como así también las empresas que los comercializan.
Asesorar a los viajeros resulta de vital importancia para que la experiencia
cumpla con las expectativas de hospitalidad se corroboren en el destino.
La
sola presunción sobre la existencia de riesgos fortuitos inmediatamente afecta
el normal funcionamiento de un destino turístico, lo podemos observar con
claridad en nuestra provincia, Misiones y, en los artículos que publican los
medios de prensa y las redes sociales en relación al tema que se encuentre de
turno, como por ejemplo situaciones de convulsión social, pestes, crisis
climáticas, etc. Los riesgos de inseguridad también impactan, y en gran medida
sobre la actividad turística.
El
caso que nos ocupa actualmente es la pandemia COVID 19, que apareció
sorpresivamente ante la mayoría de los habitantes del planeta, causando miles
de muertes y pánico masivo. El escenario que transitamos pone al turismo a la deriva
y en una situación de dificultades muy profundas que no parecen tener una salida
que habilite trabajar al sector en lo inmediato. Los negocios turísticos y los
servicios a él vinculados se enfrentan a una realidad nunca imaginada. El
turismo según previsiones de la OMT (Organización Mundial de Turismo) tenía
pronósticos de crecimiento continuo y con la oportunidad única de contribuir a
la mejora de la calidad de vida de muchos seres humanos del planeta por su
capacidad de generar fuentes de trabajo y dinamizar la economía de los países.
Las
inversiones turísticas, en su diversidad de prestaciones y tamaño sufren la
aterradora idea de desaparecer; los pequeños negocios turísticos se enfrentan
inmediatamente a las gravísimas consecuencias ante la imposibilidad de trabajar
para sostener el negocio. La reconstrucción y re-estructuración de la economía
turística se encuentra ante un panorama inédito y altamente incierto, porque
aun contando con información y herramientas tecnológicas, el gran desafío es
¿cómo hacer frente a la crisis al no poder vender?
En
definitiva, por esencia el turismo es vulnerable a una diversidad de crisis,
diferentes a las que padecen otros sectores, sean estas de origen interno o
externo al destino y; si bien se ha verificado que el turismo tiene una
capacidad de recuperación más rápida que la de otros sectores, en esta
oportunidad y al margen de ser un elemento que tracciona la recuperación
económica de los países el contexto de la actual pandemia es diferente a todos
los que conocemos. El turismo mundial ante este escenario se encuentra en una nebulosa
que coarta su esencia y su razón de ser para considerarse tal.
En
tiempos actuales las TIC (Tecnologías de la Comunicación y la Información) son
herramientas primordiales, al turismo éstas simplemente le sirven para
comunicar la oferta y canalizar operaciones. Dicho esto, es necesario repensar
la actividad desde todas las aristas o escenarios de abordaje para la
implementación de soluciones.
Como
pregonamos siempre los profesionales, es necesario trabajar con todos los
sectores para lograrlo, sin olvidar que el turismo es una actividad
socio-económica que requiere una interpretación holística e integral para ser
gestionada. Esta se basa y se nutre de los recursos y atractivos turísticos
presentes en el territorio. Por tales razones, para trabajar soluciones ¿Serán
suficientes los lineamientos de organismos internacionales? ¿Se diseñarán
planes para la gestión de la crisis, serán puestos en marcha? ¿Serán capaces de
constituirse en la base de una segura y eficaz recuperación de sector? 0, ¿Se
crearán nuevas estrategias? Aquí el dilema.
Magister Gladys M. Voertler
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