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martes, 30 de diciembre de 2025

Dr Alfredo César Dachary, México. El ocaso del europeísmo

 Por / diciembre 30, 2025

Alfredo César Dachary. Mexico. “No hay camino hacia la paz. La paz es el camino” M. Gandhi.

     La guerra de Rusia con Ucrania no es un escenario similar a las anteriores que se daban en Europa como territorio bélico y Estados Unidos sacaba la mejor tajada por ser parte y socio comercial en la Europa del siglo XX, la de la decadencia y el fin de la hegemonía del Reino Unido, que pasa a Estados Unidos como parte del botín de guerra y que es aprovechado de forma casi ilimitada por este país para imponer un control mundial.

Los temas de desacuerdo entre Europa y Estados Unidos son muy distintos a los del siglo XX, aunque con un origen común; en el siglo anterior Europa occidental se transformó en un mega país vasallo de Estados Unidos, algo que requería mucho apoyo para transformar el mundo al nuevo capitalismo global.

Hoy hay dos capitales hegemónicas globales en pugna, una en Estados Unidos y otra con epicentro en China, y varios aspirantes a complementar la hegemonía, como India, Rusia y Brasil se multiplican, además de un socio que se ha sentido traicionado y lo fue Japón, también víctima de las apetencias de Trump.

 La mayoría de los Estados europeos siempre se habían sometido a las exigencias de Washington y estaban deseosos de mostrar obediencia a su padrino estadounidense, pero hoy la coyuntura es muy diferente, ya que Trump ha entendido la magnitud de la crisis y expresa sus políticas en una mezcla de amenaza, sanciones y demás formas de castigo, como en un colegio primario.

 La falta de estilo, educación incluida y el complejo de inferioridad que emerge en medio de la gran crisis, llevan al presidente Donald Trump en el camino hacia un divorcio con la Europa atlántica.

Trump nos recuerda al hombre del garrote que lo ejerció plenamente a comienzos del siglo XX, Teddy Roosevelt, el dueño del “osito Teddy”, quién hacía todo tipo de demostración de fuerza y coraje, como nadar en las aguas del canal de Panamá en construcción, para borrar la imagen de las enfermedades tropicales trasmitidas por el moquito anófeles.

Es tan diferente y compleja la situación de la segunda mitad del siglo XX con la primera del XXI, que Europa se arropa con el verde olivo de la guerra fría de la OTAN, como que si el tiempo pasado fuera ayer.

En noviembre de 1995, Serbia, Croacia y Bosnia firmaron en la base de Dayton, en Ohio, y bajo supervisión estadounidense, un acuerdo que ponía fin a la mortífera guerra que los había enfrentado durante tres años, y que no fue por casualidad que la misma finaliza en Estados Unidos.

El presentador de la CBS estrella Dan Rather, le había preguntado a su corresponsal en el extranjero sobre la implicación de Washington en el conflicto: “Durante años se nos explicó que Bosnia era un problema europeo que debían solucionar los europeos. ¿Qué es lo que acaba de pasar?”. Respuesta del periodista Bob Simon: “Dan, si algo nos ha enseñado el siglo XX, es que los europeos son incapaces de solucionar sus problemas. Por eso tuvo que intervenir Estados Unidos durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Y todo parece indicar que el siglo va a acabar como empezó: con Estados Unidos acudiendo en auxilio de Europa”.

¿Qué ocurre con los líderes europeos que son incapaces de “solucionar sus problemas” en Europa, incluido el enfrentamiento armado de Ucrania con Rusia, que se viene operando tras bambalinas por Estados Unidos con el acuerdo de la Unión Europea y ahora Estados Unidos plantea una salida ante la difícil situación económica en la que se encuentra?

Desde Estados Unidos, el poder, la geopolítica, la independencia y el liderazgo estratégico nunca han sido cosa de las antiguas potencias coloniales y creadoras del capitalismo, hoy en una crisis mayor, al seguir los cambios bruscos del neoliberalismo a la sociedad de la inestabilidad que los ha ubicado en otra condición: la de rivales comerciales y centros vacacionales.

El objeto de esta condescendencia o desprecio, Europa es percibida como una “no-potencia” construida por y para el libre comercio, y ello tanto más por cuanto no afirma ningún otro gran proyecto federado, encadena proclamaciones vanas y acepta obedecer y ser castigada, como lo afirma Serge Halimi, ex director de Le Monde Diplomatique.

 Otro problema serio para la Unión Europea es el de la población cada vez más envejecida que acepta participar en una coalición militar, lo hace bajo el control del Pentágono, asumiendo el alto riesgo de ser países fronterizos y otros más como la pérdida del abastecimiento a bajo costo del petróleo y gas ruso.

Pero el manoseo y humillación a que se le impone a Europa no es nuevo, ya que el año 1986 acabó con un enconado pulso con la Comunidad Económica Europea (CEE). Según Marie-France Toinet, el presidente Reagan amenazó con aumentar un 200% los aranceles sobre el coñac, el vino blanco, la ginebra, las olivas o los quesos a menos que la Comunidad concediera al maíz y la soja estadounidenses condiciones preferentes de exportación a la península Ibérica recién incorporada al mercado común. A costa de una clara renuncia a las preferencias comunitarias, la CEE cedió a las demandas de Estados Unidos a finales de enero de 1987.

Por eso no sorprende que Europa “ceda a las demandas de Estados Unidos”: el hilo musical lleva mucho tiempo siendo el mismo, aunque Trump ha exacerbado los términos de la relación de fuerzas. La voluntad del presidente estadounidense de hacer negocio, de ajustar cuentas personales y de vengarse de unos adversarios demócratas que, en su opinión, lo han perseguido judicial y financieramente, lo llevan a odiar con casi igual fuerza a los gobernantes liberales europeos y canadienses que se regodearon en su infortunio y confiaban en su derrota.

 A la Unión Europea, cuyos emisarios fueron conducidos hasta las puertas del Departamento de Estado porque Marco Rubio no tuvo tiempo de recibirlos. No obstante, Trump ya había calificado a la Unión Europea de “enemiga de Estados Unidos” en su primer mandato, según un despacho de la CBS, de 15 de julio de 2018.

La Unión Europea es “enemiga” por dos razones, primero por el apego de Bruselas al libre mercado y, en segundo lugar, por la demanda europea de protección militar por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), cuando Washington se queja de pagar él solo las facturas. “Vamos a recuperar la riqueza que nos han robado los países extranjeros”, algo que viene reclamando desde el 2018.

Los aliados europeos de Estados Unidos a menudo eran peores que los enemigos, ya que, al dar crédito a sus palabras, Estados Unidos abonaba “entre el 70 y el 90% de los gastos” de la OTAN, “aunque yo digo que es el 90%”. En realidad, es el 20%, un porcentaje que no ha dejado de bajar desde hace años, de conformidad con las exigencias de todos los presidentes estadounidenses, incluidos Barack Obama y Joseph Biden. Pagar el 20% del coste de funcionamiento a cambio de tomar el 100% de las decisiones, bueno, no parece tan mal negocio, al fin y al cabo.

El unilateralismo que plantea el presidente de Trump, en su “Estados Unidos primero” no se aviene bien con las alianzas militares y los tratados internacionales, como ya lo demostró en su primera presidencia.

El secretario de Estado Marco Rubio aclaró sobre este cambio de rumbo el pasado 15 de enero, al sostener que “El orden mundial se ha convertido en un arma usada en nuestra contra. Vuelve a ser competencia nuestra crear un mundo libre a partir del caos. Eso exigirá un Estados Unidos que ponga sus propios intereses por encima de todo lo demás”.

Stephen Miller, uno de los principales asesores de Trump en la Casa Blanca, dos días después de la agarrada del pasado 28 de febrero entre el presidente estadounidense y Volodímir Zelenski, da a entender, en todo caso, una sincera exasperación con Europa y la causa ucraniana que ésta ha asumido como suya: “Millones de corazones estadunidenses se colmaron de orgullo al ver al presidente Trump poniendo en su sitio a Zelenski. La única razón por la cual tiene un país y está en el poder es porque Estados Unidos ha sufrido económicamente para financiar su guerra”.

Pero, si tanto le gusta Europa, “¿por qué sigue viniendo a vernos para mendigar dinero, protección o garantías?”. En aquel mismo encuentro, el vicepresidente James David Vance recordó también a Zelenski que había cometido un error al reunirse en Pensilvania con el gobernador demócrata de ese estado un mes antes de las elecciones presidenciales.

 La Unión Europea caminaba al unísono con el Partido Demócrata en esa gran aventura. En febrero de este año Vance pronunció entonces, ante la Conferencia de Seguridad de Múnich, una condena contra la Unión Europea, incapaz de identificar el principal peligro que la amenaza: “No es Rusia, no es China”, sino ella misma y las restricciones que impone a los activistas contra el aborto y a la extrema derecha, así como la pérdida de libertades que de ello se deriva.

Lo primero es un Estados Unidos cuya prioridad, en contra de la opinión de sus élites demócratas y sus medios de comunicación de referencia (entre ellos el diario The New York Times), ya no es hacerle la guerra a Rusia por procuración.

Y es que Rusia no ha tardado en advertir el provecho que puede sacar del odio que siente la nueva Administración estadounidense por la globalización neoliberal, su ordenamiento jurídico y el progresismo cultural que la acompaña. Ahora cabe concebir un acercamiento entre Rusia y los Estados Unidos de Trump a partir de una base “realista” – prioridad para los intereses de las grandes potencias sin preocuparse de su política interior o del derecho internacional – y reaccionaria exaltación de la familia, de las identidades sexuales tradicionales y de una visión idealizada de la historia nacional.

¿Y las ideologías, ya tienen una sala en el museo o una caja para su cuidado como piezas del pasado?

Dr Alfredo César Dachary, México  cesaralfredo552@gmail.com

créditos fotográficos pexels-elly-fairytale-3810856

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